Pasó
de largo
mi mirada distraída
por las migajas de tiempo
que eran los instantes.
Pero
un día
el latido de mi reloj
con cada salto de aguja
me susurró
el secreto.
Son
los instantes
la esencia.
Hoy
contemplo
la trascendencia
de lo insignificante.
Y
vivo.
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